En un artículo publicado hoy en el diario de El País, se presenta una radiografía de la inmigración rumana asentada en la Comunidad de Madrid. Su lectura puede hacernos comprender una cultura cercana a la nuestra y conocer sus motivos para marcharse de un país que aún sufre la consecuencias de un estamento comunista en las instituciones rumanas.
La comunidad rumana en Madrid ya es la primera en número de extranjeros: 170.357 personas desde el pasado abril, desbancando a los ecuatorianos. En 2001 no llegaban a las 15.000 personas. Muchos, pero muy heterogéneos. Se dividen en distintas iglesias, sobre todo, ortodoxos y adventistas. Dos mundos paralelos y completamente enfrentados. Irreconciliables. Sin embargo, ambas confesiones son la principal red social y de ayuda. En los templos se cierran los alquileres y los contratos de trabajo. Los rumanos de etnia gitana, unos 20.000, son el tercer gran bloque de procedencia de ese país y son rechazados por la mayoría de los fieles de las dos iglesias mayoritarias: "No son rumanos, son gitanos".
domingo, 16 de septiembre de 2007
Una Rumania distorsionada
Los salarios precarios y la situación económica insostenible tras la revolución de 1989 hace que muchos emigren a Italia y a España, por similitud cultural. El origen de su idioma es el latín y los rumanos se consideran latinos. Dicen que para ellos es mucho más fácil aprender el español que, por ejemplo, el alemán.
La mediadora social, Daniela, asegura que la imagen que se tiene en Extremadura de Rumanía está muy distorsionada, y no se ajusta a la realidad. «Muchos rumanos tienen su propio huerto y son autosuficientes. Siembran para ellos mismos. Quienes tienen una parcela de tierra no la dejan para emigrar a España, viven como pueden con lo que tienen. Pero no son gitanos. Somos diferentes hasta en la piel o en el color del pelo», comenta.
La economía rumana depende de la exportación de materias primas y productos agrícolas, aunque es uno de los principales productores de petróleo de Europa. Pero los sueldos son bajos. En Rumanía un profesor cobra 250 euros al mes y «los precios de alimentación y ropa son los mismos que en cualquier país de la UE», apunta Daniela. Es un país rico en cuanto al turismo ya que por sus tierras cruza el río Danubio, y pueden elegir entre la playa, del mar Negro, o la montaña, de los Cárpatos.
La mediadora social, Daniela, asegura que la imagen que se tiene en Extremadura de Rumanía está muy distorsionada, y no se ajusta a la realidad. «Muchos rumanos tienen su propio huerto y son autosuficientes. Siembran para ellos mismos. Quienes tienen una parcela de tierra no la dejan para emigrar a España, viven como pueden con lo que tienen. Pero no son gitanos. Somos diferentes hasta en la piel o en el color del pelo», comenta.
La economía rumana depende de la exportación de materias primas y productos agrícolas, aunque es uno de los principales productores de petróleo de Europa. Pero los sueldos son bajos. En Rumanía un profesor cobra 250 euros al mes y «los precios de alimentación y ropa son los mismos que en cualquier país de la UE», apunta Daniela. Es un país rico en cuanto al turismo ya que por sus tierras cruza el río Danubio, y pueden elegir entre la playa, del mar Negro, o la montaña, de los Cárpatos.
sábado, 15 de septiembre de 2007
La 'tierra de nadie' resiste más allá del río Dniester
Tiraspol es un polvorín silencioso desde 1992. Pero está ahí, en la puerta sur de la región separatista de Cisdniestria (Moldavia), un lugar al que llegar de incógnito es una misión entre lo difícil y lo imposible. Algo así como si una pareja de turistas se empeñara en hacer fotos discretamente desde los Altos del Golán (Siria).
Enmarcados entre la frontera artificial con Ucrania y la natural con Moldavia (por el río Dniester), unos 600.000 separatistas sobreviven bajo el bloqueo económico de ambas partes. Tan extrema es la situación, que el líder del régimen separatista, Igor Smirnov, aseguró que se cumplían todas las condiciones para que se declare una guerra entre ambas partes.
No sería la primera vez. La secesión de Cisdniestria se peleó desde el primer momento en que Moldavia firmó con Rusia el tratado de adhesión en la Comunidad de Estados Independientes (diciembre de 1991). Hasta junio de 1992, los militares moldavos se estrellaron contra su propia incapacidad de coordinación y la carencia de armas y municiones. En julio de 1992, un pacto entre las autoridades moldavas y las rusas permitió la creación de un Estado no reconocido por el Derecho Internacional pero apoyado por Rusia. A pesar de que Moscú nunca ha reconocido su implicación, su XIV Ejército permanece desde entonces controlando la seguridad de la región.
Durante el viaje a Tiraspol se observa la paradójica situación que sufre la región secesionista de Cisdniestria. En la mismísima plaza de Chisinau (capital de Moldavia) se ven coches con matrícula de Cisdniestria que se ofrecen para cruzar a la otra zona sin que las tropas rusas verifiquen la procedencia de los pasajeros.

El idioma es otra barrera artificial que separa a los habitantes de esta región de los moldavos. Los primeros son rusófonos por imposición de Smirnov; los segundos hablan rumano aunque lo denominan moldavo.
Ya en Tiraspol, aún se respira una nostalgia viva por la extinta Unión Soviética: ropa militar en las calles, estudiantes con la risa desgastada, la bandera rusa ondeando en el cuartel de las Fuerzas Armadas rusas... A la pregunta de cómo viven, su respuesta es: «De lo que haya, pero poco se encuentra». Las fábricas están en ruinas y la agricultura sigue siendo primitiva, mientras que prolifera el contrabando de armas y de drogas.
Enmarcados entre la frontera artificial con Ucrania y la natural con Moldavia (por el río Dniester), unos 600.000 separatistas sobreviven bajo el bloqueo económico de ambas partes. Tan extrema es la situación, que el líder del régimen separatista, Igor Smirnov, aseguró que se cumplían todas las condiciones para que se declare una guerra entre ambas partes.
No sería la primera vez. La secesión de Cisdniestria se peleó desde el primer momento en que Moldavia firmó con Rusia el tratado de adhesión en la Comunidad de Estados Independientes (diciembre de 1991). Hasta junio de 1992, los militares moldavos se estrellaron contra su propia incapacidad de coordinación y la carencia de armas y municiones. En julio de 1992, un pacto entre las autoridades moldavas y las rusas permitió la creación de un Estado no reconocido por el Derecho Internacional pero apoyado por Rusia. A pesar de que Moscú nunca ha reconocido su implicación, su XIV Ejército permanece desde entonces controlando la seguridad de la región.
Durante el viaje a Tiraspol se observa la paradójica situación que sufre la región secesionista de Cisdniestria. En la mismísima plaza de Chisinau (capital de Moldavia) se ven coches con matrícula de Cisdniestria que se ofrecen para cruzar a la otra zona sin que las tropas rusas verifiquen la procedencia de los pasajeros.

El idioma es otra barrera artificial que separa a los habitantes de esta región de los moldavos. Los primeros son rusófonos por imposición de Smirnov; los segundos hablan rumano aunque lo denominan moldavo.
Ya en Tiraspol, aún se respira una nostalgia viva por la extinta Unión Soviética: ropa militar en las calles, estudiantes con la risa desgastada, la bandera rusa ondeando en el cuartel de las Fuerzas Armadas rusas... A la pregunta de cómo viven, su respuesta es: «De lo que haya, pero poco se encuentra». Las fábricas están en ruinas y la agricultura sigue siendo primitiva, mientras que prolifera el contrabando de armas y de drogas.
Palacetes gitanos de Buzescu
Adentrarse en la localidad de Buzescu, en el condado de Teleorman, a uno le sorprendería de la exuberancia de los edificios pertenecientes a “capos” de la etnia gitana rumana, que controla redes de mafia, tan indescifrables que hasta la policía rumana, en colaboración con la española y francesa, se siente incapaz de frenar. Esta lacra, que surgió gracias a la benevolencia del dictador Ceausescu, sigue imparable y está llevando a que otra parte del pueblo romaní viva en la miseria.
El diario cómico Academia Catavencu presenta un video en el que pretende mostrar la riqueza de unos a costa de otros y cómo aún el Estado se muestra impasible ante esta situación.
viernes, 14 de septiembre de 2007
jueves, 13 de septiembre de 2007
Rumania en imágenes
Presos de la cárcel de máxima seguridad de Aiud, imágenes de los últimos judíos de Maramures y otras fotografías de la vida cotidiana en una boda o en el lago negro, en Sibiu, forman parte de la exposición fotográfica organizada dentro de la programación 'Rumanía Inédita'. Las fotografías artísticas, obra de los reconocidos fotógrafos rumanos Cosmin Bumbut, Silviu Ghetie y Gicu Serban, muestran "la realidad de Rumania, más allá de la visión turística de nuestro país".
El encargado de asuntos europeos de la Embajada de Rumanía en España, Andrei Luca, afirmó que "esta exposición intenta salir de la lógica tradicional de presentar la Rumanía turística y pretende ofrecer el mensaje de que rumanos y españoles tienen las mismas preocupaciones artísticas y que Rumanía está presente en el debate cultural europeo".
El encargado de asuntos europeos de la Embajada de Rumanía en España, Andrei Luca, afirmó que "esta exposición intenta salir de la lógica tradicional de presentar la Rumanía turística y pretende ofrecer el mensaje de que rumanos y españoles tienen las mismas preocupaciones artísticas y que Rumanía está presente en el debate cultural europeo".
Un renovador como patriarca
El obispo metropolitano Daniel, conocido por su posición ecuménica y deseo de modernizar la institución ha sido elegido nuevo Patriarca de la Iglesia Ortodoxa rumana. Daniel, de 56 años edad, era considerado el favorito para suceder al Patriarca Teoctisto, que murió el pasado mes de julio a los 92 años de edad después de permanecer durante 20 años como jefe de la Iglesia rumana. Finalmente, fue nombrado Patriarca en detrimento del conservador Bartolomeu Anani, en una elección resuelta en segunda vuelta por el Colegio Electoral de la Iglesia con 95 votos frente a los 66 logrados por Anani.
Las campanas de la iglesia del palacio patriarcal doblaron para anunciar que se había elegido al nuevo líder de la Iglesia Ortodoxa rumana, a la que pertenece el 80 por ciento de la población del país.El Patriarca Daniel aseguró tener "el deseo de servir a la iglesia como lo hizo Teoctisto, quien nos
dejó una rica y luminosa herencia que debemos conservar, alimentar y cultivar". Además, llamó a los rumanos a "amar la iglesia y al país para ayudarnos", ya que subrayó "necesitamos vuestra cooperación".
Daniel fue uno de los miembros fundadores de un grupo que abogaba por la renovación de la Iglesia Ortodoxa, aunque este movimiento fue disuelto después de que Daniel fuera elegido obispo metropolitano de Iasi, un importante paso que tradicionalmente ha servido para convertirse en Patriarca.
Las campanas de la iglesia del palacio patriarcal doblaron para anunciar que se había elegido al nuevo líder de la Iglesia Ortodoxa rumana, a la que pertenece el 80 por ciento de la población del país.El Patriarca Daniel aseguró tener "el deseo de servir a la iglesia como lo hizo Teoctisto, quien nos
dejó una rica y luminosa herencia que debemos conservar, alimentar y cultivar". Además, llamó a los rumanos a "amar la iglesia y al país para ayudarnos", ya que subrayó "necesitamos vuestra cooperación".Daniel fue uno de los miembros fundadores de un grupo que abogaba por la renovación de la Iglesia Ortodoxa, aunque este movimiento fue disuelto después de que Daniel fuera elegido obispo metropolitano de Iasi, un importante paso que tradicionalmente ha servido para convertirse en Patriarca.
Abuelo espía
Estremecedor el relato de la historia elaborada por un periodista, seguramente rumano, de la Agencia France Press. La conmovedora historia de una joven rumana sobre su abuelo describe el aislamiento de un país cuando cayó bajo un régimen estalinista. El espionaje fue de tal manera que la gente desconfiaba entre sí, legado que aún continúa en su mentalidad.
Durante más de la mitad de su vida, Cora Motoc se preguntó cómo su querido abuelo sobrevivió la era comunista. Hace pocos días finalmente atisbó la realidad cuando leyó el legajo del abuelo en los archivos de la policía secreta. Descubrió, entre otras cosas, que hasta su peluquero lo espiaba.
Mientras revisaba el legajo de 214 páginas que la policía secreta tenía sobre el maestro de escuela y director teatral aficionado Dumitru Motoc, la mujer descubrió que el espionaje había infiltrado cada detalle de su vida.
Estaban los actores resentidos de no conseguir un papel en una de sus producciones. Los jubilados aficionados al ajedrez reunidos en un club social cuyas conversaciones eran escuchadas por la policía secreta. El peluquero que anotaba sus impresiones sobre Motoc después de afeitarlo.
Más difícil de digerir fue enterarse de que el mismo Motoc había sido informador, uno de los mucho de la red de posiblemente millones de espías que vigilaban a una población de 23 millones de personas hasta que el comunismo se desplomó en 1989. "Me dejó un sabor amargo que él tuviera que hacerlo", dijo. "Lo consideraba una persona de moralidad y principios. Siempre discutía por principios".
El hallazgo cambió su visión del mundo. Cora Motoc, activista por reformas democráticas que maduró después de la caída del comunismo, había sentido desdén por los informadores de esa era. Pero la noticia de que el abuelo que idolatraba había sido también espía le hizo comprender la situación que la gente ordinaria tenía que sobrellevar durante la era soviética, y le hizo preguntarse qué habría hecho ella misma.
"Yo era más radical antes de leer su legajo. Estaba dispuesta a levantar un dedo acusador, pero la situación resultó sumamente compleja e intrincada", dijo la mujer de 29 años después de pasar cuatro horas leyendo el legajo.
"Realmente no puedo juzgarlo porque no sé qué habría hecho en su lugar", dijo, y conjeturó que su abuelo se vio "obligado por las circunstancias".
Los archivos secretos habían estado ocultos desde la caída del comunismo y sólo recientemente se abrieron al público. Ahora un alud de rumanos está escudriñando el pasado para saber lo que sus vecinos, amigos y aun familiares decían de ellos a las autoridades.
La apertura de los archivos ha reabierto viejas heridas y ha planteado interrogantes morales acuciantes: ¿acaso los rumanos realmente quieren exponer sus cónyuges e hijos a los rumores alimentados a las autoridades durante toda una vida? ¿Es confiable la información de los legajos? Y, de ser así, ¿vale la pena aprender la verdad sobre aquellos en quienes uno confiaba?
Las revelaciones ya han dividido familias y destruido amistades, una medida del trauma que enfrenta la nación con la apertura de los 1.300.000 legajos de la policía secreta. Otras ex naciones comunistas abrieron sus propios archivos de la policía secreta hace años. El legajo 1161919 comienza en 1942, siete años antes de que Motoc fuera arrestado y enviado a la cárcel por supuestamente haber sido miembro de la Guardia de Hierro, facista, sobre la base del testimonio de un informante. Termina unos pocos meses antes de su muerte en 1985.
Motoc, que enseñaba lengua rumana, fue uno de los millones de rumanos que espiaba y era espiado por un régimen que consideraba enemigos a sus ciudadanos, por lo que creó un ambiente de temor y desconfianza. La Securitate fue creada sobre el modelo de la NKVD soviética, antecesora de la KGB.

La joven rumana cree que su abuelo fue reclutado después de haber sido encarcelado en 1949 como prisionero político en un gulag comunista en Pitesti. Salió de la prisión ocho meses después con un peso de apenas 45 kilogramos pese a su 1,83 metros de altura.
Era habitual que los prisioneros políticos firmasen un juramento de convertirse en informantes después de salir de la cárcel, o que prometieran informar a cambio de ser liberados antes. Los que no lo hacían seguían presos durante años o morían debido a condiciones extremas.
El compromiso del informante se mantenía hasta su muerte, y los mismos espías solían ser vigilados. En determinado momento, se cree que uno de cada cuatro habitantes era informador. "Era insidioso, absurdo. Era a escala nacional. Todos espiaban a todos. Se informaba sobre cualquier pequeñez", dijo la mujer. "Es como escuchar chismes y anotarlos en un diario".
El legajo de su abuelo contenía los nombres de varios informantes, incluyendo uno llamado "Teddy" que lo espió durante décadas. Motoc dijo que descubrió muy poco en el legajo sobre las propias actividades de espionaje de su abuelo. En el laberinto kafkiano de la burocracia totalitaria había funcionarios que evaluaban las habilidades del informante y un superior que decidía el curso de acción.
Las absurdidades del sistema se hicieron patentes con los informes del barbero, un poeta frustrado que trataba de convencer a Motoc que tomase en serio sus escritos pese a que tenía faltas de ortografía y su puntuación era insegura. El funcionario comenta al margen que las condiciones mentales del peluquero "parecen cuestionables" y sugiere su destitución. Pero es contradicho por su superior que escribe: "Aun así, siga vigilando su poesía".
Motoc se siente aliviada de haberse enterado de la verdad un año más tarde de haber solicitado leer el legajo de los Archivos para el Estudio de la Seguridad, que tiene dos millones de legajos. Pero su reacción general es de desdén por el sistema.
"Es su mezquindad. No puedo creer que la Securitate estuviese espiando a un puñado de viejos jubilados que jugaban ajedrez en un club porque se insinuó que habían tenido vínculos con la Guardia de Hierro", dijo la mujer, que coordina un programa de reformas democráticas y justicia para una organización no gubernamental alemana.
Los capítulos más largos están dedicados al hijo de Motoc, el respetado dramaturgo Doru Motoc, y a un incidente en el que éste fue invitado a Francia para visitar a un familiar a fines de la década del 70. La Securitate dijo que le extendería un pasaporte pero sólo con la condición de que prometiese espiar a los disidentes rumanos allí. Al parecer se negó y se quedó en Rumania.
El marido de Motoc, Radu Motoc, que la acompañó a los archivos, dijo que la calidad de la información degeneró a medida que declinaba el comunismo. "En los años 50 los informadores escribían sobre gente 'burguesa' o 'enemiga del estado'. Al llegar a los 80, reportaban sobre lo que Motoc usaba, cómo hablaba, y el hecho de que siempre iba al restaurante con su esposa y no con otra mujer", observó.
Junto con la pareja había más de 20 personas atestando un cuarto en los archivos un día reciente, en su mayoría ancianos. Se oyó que uno murmuraba: "No quiero leer esa basura sobre amigos informando sobre mí".
Motoc prefiere atesorar la imagen de su abuelo como un patriarca bondadoso en la ciudad sombría de Ramnicu Valcea donde vivía la familia. "Al final lo que cuenta son mis recuerdos sobre el abuelo", afirmó. "Verdaderamente puedo depender de ellos".
Durante más de la mitad de su vida, Cora Motoc se preguntó cómo su querido abuelo sobrevivió la era comunista. Hace pocos días finalmente atisbó la realidad cuando leyó el legajo del abuelo en los archivos de la policía secreta. Descubrió, entre otras cosas, que hasta su peluquero lo espiaba.
Mientras revisaba el legajo de 214 páginas que la policía secreta tenía sobre el maestro de escuela y director teatral aficionado Dumitru Motoc, la mujer descubrió que el espionaje había infiltrado cada detalle de su vida.
Estaban los actores resentidos de no conseguir un papel en una de sus producciones. Los jubilados aficionados al ajedrez reunidos en un club social cuyas conversaciones eran escuchadas por la policía secreta. El peluquero que anotaba sus impresiones sobre Motoc después de afeitarlo.
Más difícil de digerir fue enterarse de que el mismo Motoc había sido informador, uno de los mucho de la red de posiblemente millones de espías que vigilaban a una población de 23 millones de personas hasta que el comunismo se desplomó en 1989. "Me dejó un sabor amargo que él tuviera que hacerlo", dijo. "Lo consideraba una persona de moralidad y principios. Siempre discutía por principios".
El hallazgo cambió su visión del mundo. Cora Motoc, activista por reformas democráticas que maduró después de la caída del comunismo, había sentido desdén por los informadores de esa era. Pero la noticia de que el abuelo que idolatraba había sido también espía le hizo comprender la situación que la gente ordinaria tenía que sobrellevar durante la era soviética, y le hizo preguntarse qué habría hecho ella misma.
"Yo era más radical antes de leer su legajo. Estaba dispuesta a levantar un dedo acusador, pero la situación resultó sumamente compleja e intrincada", dijo la mujer de 29 años después de pasar cuatro horas leyendo el legajo.
"Realmente no puedo juzgarlo porque no sé qué habría hecho en su lugar", dijo, y conjeturó que su abuelo se vio "obligado por las circunstancias".
Los archivos secretos habían estado ocultos desde la caída del comunismo y sólo recientemente se abrieron al público. Ahora un alud de rumanos está escudriñando el pasado para saber lo que sus vecinos, amigos y aun familiares decían de ellos a las autoridades.
La apertura de los archivos ha reabierto viejas heridas y ha planteado interrogantes morales acuciantes: ¿acaso los rumanos realmente quieren exponer sus cónyuges e hijos a los rumores alimentados a las autoridades durante toda una vida? ¿Es confiable la información de los legajos? Y, de ser así, ¿vale la pena aprender la verdad sobre aquellos en quienes uno confiaba?
Las revelaciones ya han dividido familias y destruido amistades, una medida del trauma que enfrenta la nación con la apertura de los 1.300.000 legajos de la policía secreta. Otras ex naciones comunistas abrieron sus propios archivos de la policía secreta hace años. El legajo 1161919 comienza en 1942, siete años antes de que Motoc fuera arrestado y enviado a la cárcel por supuestamente haber sido miembro de la Guardia de Hierro, facista, sobre la base del testimonio de un informante. Termina unos pocos meses antes de su muerte en 1985.
Motoc, que enseñaba lengua rumana, fue uno de los millones de rumanos que espiaba y era espiado por un régimen que consideraba enemigos a sus ciudadanos, por lo que creó un ambiente de temor y desconfianza. La Securitate fue creada sobre el modelo de la NKVD soviética, antecesora de la KGB.

La joven rumana cree que su abuelo fue reclutado después de haber sido encarcelado en 1949 como prisionero político en un gulag comunista en Pitesti. Salió de la prisión ocho meses después con un peso de apenas 45 kilogramos pese a su 1,83 metros de altura.
Era habitual que los prisioneros políticos firmasen un juramento de convertirse en informantes después de salir de la cárcel, o que prometieran informar a cambio de ser liberados antes. Los que no lo hacían seguían presos durante años o morían debido a condiciones extremas.
El compromiso del informante se mantenía hasta su muerte, y los mismos espías solían ser vigilados. En determinado momento, se cree que uno de cada cuatro habitantes era informador. "Era insidioso, absurdo. Era a escala nacional. Todos espiaban a todos. Se informaba sobre cualquier pequeñez", dijo la mujer. "Es como escuchar chismes y anotarlos en un diario".
El legajo de su abuelo contenía los nombres de varios informantes, incluyendo uno llamado "Teddy" que lo espió durante décadas. Motoc dijo que descubrió muy poco en el legajo sobre las propias actividades de espionaje de su abuelo. En el laberinto kafkiano de la burocracia totalitaria había funcionarios que evaluaban las habilidades del informante y un superior que decidía el curso de acción.
Las absurdidades del sistema se hicieron patentes con los informes del barbero, un poeta frustrado que trataba de convencer a Motoc que tomase en serio sus escritos pese a que tenía faltas de ortografía y su puntuación era insegura. El funcionario comenta al margen que las condiciones mentales del peluquero "parecen cuestionables" y sugiere su destitución. Pero es contradicho por su superior que escribe: "Aun así, siga vigilando su poesía".
Motoc se siente aliviada de haberse enterado de la verdad un año más tarde de haber solicitado leer el legajo de los Archivos para el Estudio de la Seguridad, que tiene dos millones de legajos. Pero su reacción general es de desdén por el sistema.
"Es su mezquindad. No puedo creer que la Securitate estuviese espiando a un puñado de viejos jubilados que jugaban ajedrez en un club porque se insinuó que habían tenido vínculos con la Guardia de Hierro", dijo la mujer, que coordina un programa de reformas democráticas y justicia para una organización no gubernamental alemana.
Los capítulos más largos están dedicados al hijo de Motoc, el respetado dramaturgo Doru Motoc, y a un incidente en el que éste fue invitado a Francia para visitar a un familiar a fines de la década del 70. La Securitate dijo que le extendería un pasaporte pero sólo con la condición de que prometiese espiar a los disidentes rumanos allí. Al parecer se negó y se quedó en Rumania.
El marido de Motoc, Radu Motoc, que la acompañó a los archivos, dijo que la calidad de la información degeneró a medida que declinaba el comunismo. "En los años 50 los informadores escribían sobre gente 'burguesa' o 'enemiga del estado'. Al llegar a los 80, reportaban sobre lo que Motoc usaba, cómo hablaba, y el hecho de que siempre iba al restaurante con su esposa y no con otra mujer", observó.
Junto con la pareja había más de 20 personas atestando un cuarto en los archivos un día reciente, en su mayoría ancianos. Se oyó que uno murmuraba: "No quiero leer esa basura sobre amigos informando sobre mí".
Motoc prefiere atesorar la imagen de su abuelo como un patriarca bondadoso en la ciudad sombría de Ramnicu Valcea donde vivía la familia. "Al final lo que cuenta son mis recuerdos sobre el abuelo", afirmó. "Verdaderamente puedo depender de ellos".
miércoles, 12 de septiembre de 2007
La UE necesita oxígeno desde Rumania
El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, vociferó la pasada semana en el Parlamento rumano que Bucarest debe continuar con las reformas pero también resaltó que el país balcánico juega un papel vital en la configuración del futuro de la Unión Europea. Ya iba siendo hora de que un dirigente europeo se rindiera y se dejara de pamplinerías. Desde que Rumania ingresó al club de los Veinticinco, solamente se recibían críticas por la gestión del Ejecutivo. Ahora, Barroso aterrizó para transmitir un mensaje claro y conciso: os necesitamos para conformar una Europa que avanza.
“Los Parlamentos nacionales, inclusive el rumano, jugarán un papel cada vez más importante en la configuración del futuro de Europa. Las elecciones para el Parlamento Europeo juegan un papel importante en la difusión del mensaje sobre el papel de Rumanía en Europa. La expansión ha demostrado que es un factor esencial de potencia para Europa”, apuntó Barroso.
Y alertó de la corriente de euroescepticismo que está desembarcando en tierras rumanas, de manera que pidió a los parlamentarios que dejaran sus diatribas y se concentraran en presentar a la opinión pública los beneficios reales de la integración. Además, el alto representante europeo espera que también los parlamentarios rumanos utilicen un mecanismo ya utilizado por otros legislativos europeos, el de colaborar directamente con la Comisión Europea en la redacción de las leyes autóctonas.

Sin embargo, Barroso se negó a contestar a varias preguntas del espectro político rumano como la intención del presidente rumano de organizar, paralelamente con las elecciones del mes de noviembre para el Parlamento Europeo, un referéndum sobre el reemplazo del escrutinio en las listas electorales con el voto uninominal. Sin embargo, en una entrevista que concedió a Radio France International, Barroso expresó su esperanza de que las elecciones representarán una oportunidad para hablar de cuestiones europeas, pese a que también en otros países semejantes debates están contaminados por cuestiones de política interna.
En el discurso, se refirió también al futuro europeo de la República de Moldavia, país vecino donde la mayor parte de la población habla el rumano. Barroso dejó entender que, actualmente, este país no está preparado para llegar a ser candidato a la adhesión. Es algo que ya se sabía y que, seguramente, no desanimará a los políticos rumanos quienes seguirán defendiendo la causa de Moldavia.
“Los Parlamentos nacionales, inclusive el rumano, jugarán un papel cada vez más importante en la configuración del futuro de Europa. Las elecciones para el Parlamento Europeo juegan un papel importante en la difusión del mensaje sobre el papel de Rumanía en Europa. La expansión ha demostrado que es un factor esencial de potencia para Europa”, apuntó Barroso.
Y alertó de la corriente de euroescepticismo que está desembarcando en tierras rumanas, de manera que pidió a los parlamentarios que dejaran sus diatribas y se concentraran en presentar a la opinión pública los beneficios reales de la integración. Además, el alto representante europeo espera que también los parlamentarios rumanos utilicen un mecanismo ya utilizado por otros legislativos europeos, el de colaborar directamente con la Comisión Europea en la redacción de las leyes autóctonas.

Sin embargo, Barroso se negó a contestar a varias preguntas del espectro político rumano como la intención del presidente rumano de organizar, paralelamente con las elecciones del mes de noviembre para el Parlamento Europeo, un referéndum sobre el reemplazo del escrutinio en las listas electorales con el voto uninominal. Sin embargo, en una entrevista que concedió a Radio France International, Barroso expresó su esperanza de que las elecciones representarán una oportunidad para hablar de cuestiones europeas, pese a que también en otros países semejantes debates están contaminados por cuestiones de política interna.
En el discurso, se refirió también al futuro europeo de la República de Moldavia, país vecino donde la mayor parte de la población habla el rumano. Barroso dejó entender que, actualmente, este país no está preparado para llegar a ser candidato a la adhesión. Es algo que ya se sabía y que, seguramente, no desanimará a los políticos rumanos quienes seguirán defendiendo la causa de Moldavia.
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